Y ahora resulta que es una descabellada idea despenalizar su consumo...
Cómo si alguien pudiera decirme que hacer y que no con mi cuerpo y/u organismo.
Te pueden meter preso (las drogas hacen delincuentes) por consumir, por vender o por "tenencia simple", que es la sospecha de que lo que tenés es para que lo consumas (claro, debe haber alguien que tiene encima porque le hace equilibrio en los bolsillos...).
Pero bueno, uno puede sentarse en el parque a tomar una Quilmes Cristal y fumarse diez atados de Lucky Strike. Total.
Fumás porro, entonces sos ladrón. Pero el cigarrillo da un toque de distinción. Una copita de cognac es muy elegante.
Y todo esto sin pensar en lo más importante: yo decido que hago y que no conmigo. Nadie más que yo es el dueño de mis acciones y sus consecuencias sobre mi humanidad.
El prohibicionismo es un contexto nefasto. Coharta absolutamente todo el accionar de aquellos que han encontrado su divertimento, su momento de reflexión, su vía de escape de X situación o lo que sea, mediante una criminalización absurda.
Uno no es un enfermo (el adicto al juego o al alcohol sí, el adicto a la cocaína no), es un criminal. Merece ser juzgado y castigado en consecuencia. Y en vez de cárceles, te mandan a granjas de rehabiltación.
Lo que sí, si la cárcel es una "escuela de delincuencia", la granja es una "escuela de drogas".
A nadie le importa.
Y obviamente, mientras esto se debate, mientras tiramos mil opiniones en todas las direcciones posibles y levantamos todas las banderas habidas y por haber, el narcotráfico sigue moviendo fortunas. Y sin problemas vive en sus casonas, con sus autos de super lujo y su vida de millonario.
Y uno, el que cae en sus redes, el que le paga las escorts que lo acompañan en sus viajes, el que los mantiene debido a que no cualquiera fabrica merca o anfetas en la casa, va preso.
Preso.
Uno dice "Ja!, yo fumo marihuana, y encima la cultivo yo. Zaffaroni -cuak-". Mentiras, te revientan la casa ante la menor denuncia y te encajan una bonita causa sólo por una mísera planta, que quizás ni siquiera te llega a las rodillas.
Nadie está a salvo y hay que mirar por sobre el hombro.
Solamente por ejercer un derecho que es propio y que trasciende a cualquier legislación.
Así se está hoy.
No se puede actuar con libertad.
Por ahora, las puertas están entornadas. Hayq ue ver qué sucede más adelante, cuando se defina de una vez por todas este tema de la despenalización.
Es cuestión de esperar. Mientras tanto...